Sé qué hace más de un mes que fue el día de la madre y que este post puede parecer que está fuera de tiempo, pero creo que nunca es tarde para crear posts que llenen ese baúl de recuerdos que este blog.

La maternidad está cargada de generosidad y entrega a nuestros bebés y, en muchas ocasiones, de olvido hacia nosotras mismas. Y esto es exactamente lo que ha pasado, me he acordado de contaros porque elegimos SU nombre, SUS avances del quinto mes, sobre NUESTRO colecho, pero me he olvidado por completo de hablar de MI día de la madre.

Así que a ello voy. Mi primer día de la madre fue especial. No hicimos nada del otro mundo, y en eso precisamente radica lo bonito de este día. Nos levantamos y remoloneamos un buen rato en la cama entre sonrisa y sonrisa de Olivia. Me arregle un poco, deprisa y corriendo como viene siendo habitual (esos acicalamientos de antes, que entre el baño de espuma, las planchas y el maquillaje duraban horas, pasaron a mejor vida) una ducha rápida, máscara de pestañas, colorete, un labial potente y a correr. Vestí a Olivia remonísima con su vestido vaquero y su lazo en la cabeza (que no en el pelo, todavía la cosa escasea).

El papi de la criatura me dio mis regalos del Día de la Madre, una gafas de sol ideales a las que había echado ya el ojo, y un lienzo y pintura de dedos infantiles. Las gafas son preciosas pero el otro regalo es muy especial. Regalar experiencias es algo muy guay. Podría haberme regalado el lienzo pintado, pero él sabe de mi pasión por las manualidades y como me gustan ese tipo de “tonterías”. El poder pintar nuestro primer cuadro junto a Olivia es un regalo perfecto.

De ahí nos fuimos de paseíto, porque hacia un día maravilloso y había que disfrutarlo. Tenía mesa reservada en un sitio de sushi muy chulo. Dimos una vuelta por la Calle Fuencarral, Hortaleza y acabamos en Chueca tomándonos una cerveza fresquita en una terraza. De ahí al restaurante. Sushi variado, ensalada wakame y un yakisova vegetal con huevo. Y de ahí a casita a descansar.

Como os decía, nada que no hubiese podido hace cualquier otro día, pero sin embargo, un día muy mío. Con las cosas que más me gustan en mis sitios preferido, disfrutando de Sergio y de Olivia, de nuestra nueva familia recién formada. Celebrando que estamos juntos, que somos felices. Celebrando que lo hemos conseguido, que soy mamá y tu papá. Celebrando las noches de no dormir o dormir regular, las lágrimas y las sonrisas, en definitiva, las cosas de la vida, de la maternidad, las cosas de nuestra familia.

Habrá muchos días de la madre, pero muchos más habrá que no lo sean y todos ellos serán especiales por estar con Olivia, por verla crecer, sonreír y hacerla feliz. No todos serán buenos, los habrá malos y regulares, soy consciente, pero eso dará igual porque ella formará parte de nuestras vidas y eso nos dará fuerza para hacer que después de un día no tan bueno venga otro mejor. Olivia, nuestro motor.

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