omifin

Antes de comenzar nuestro tratamiento con Omifin, había leído, mucho, muchísimo sobre el tema. Una que, como dice el padre de la criatura, es muy leída (lo dice sobre todo para informar a los médicos de que he estado googleando sobre todo lo que puedan imaginar con un tonito irónico que me hace pasar un poco de vergüenza por lo que puedan pensar) había visitado todos los foros del mundo y leído mil y una experiencias obteniendo una conclusión no demasiado clara sobre el éxito de los tratamientos con Omifin.

Mujeres que se muestran encantadas porque consiguieron su embarazo rápidamente gracias a la ayuda del Omifin se mezclan con otras que aseguran que el Omifin “como quien oye llover”, ni fu, ni fa. Sin embargo, como casi todo en esta vida, cada cual se queda con lo que se quiere quedar, y yo me agarraba a aquellas experiencias con final feliz pensando que era algo prácticamente imposible, pero con un atisbo de esperanza que me hacía creer que podía ser.

¿Qué es Omifin?

El Omifin está compuesto principalmente por citrato de clomífeno que básicamente, es un inductor de la ovulación. Es un medicamento que se presenta en pastillas de 50mg y cuya dosis puede variar de unas mujeres a otras. Lo de siempre, cada una es un mundo.

Es importante utilizarlo bajo control médico y con seguimiento ecográfico por la posibilidad de embarazo múltiple. Una dosis muy alta puede producir que varios folículos ovulen al mismo tiempo con los riesgos que esto puede suponer.

Administración de Omifin

Existen muchas opciones para administrar Omifin y el tratamiento dependerá de cada mujer. Hay quienes  comienzan a tomarlo el día 2 de su regla y otras que empiezan el día 5. Hay algunas que lo toman 5 días y hay quienes lo toman 3 o 7. Depende de cada persona y es nuestro ginecólogo quien debe decidir tanto la manera de tomarlo como la dosis administrada.

¿Cómo fue nuestro tratamiento con Omifin?

En nuestro caso, el primer ciclo, fue con una dosis de 50mg. Una sola pastilla cada día desde el día 3 de la regla y durante 5 días. Esas fueron las especificaciones para ver la respuesta de mi cuerpo al medicamento. Os adelanto que esa vez no funcionó. Acabé ovulando, pero muy tarde y por “x” o por “y” el óvulo no se fecundó o no se implantó.

Tengo que dejar claro, que no ovulé de manera espontánea, sino que me tenía que inyectar Ovitrelle una vez que el folículo alcanzase los 18mm, y hasta que eso ocurrió, pasaron unos cuantos días, más de los que se considera “habitual”.

En el segundo ciclo, aumentamos la dosis a dos pastillas, 100mg, que me tomé de la misma manera que en el ciclo anterior. Además de Omifin, me estaba tomando aceite de onagra que dicen mejora la calidad ovocitaria y ayuda a la ovulación, y con ese mix sea por lo que fuere, en unos días conseguimos un folículo del tamaño adecuado para pinchar Ovitrelle.

A veces hablo de las cosas como si todo el mundo tuviese que saber lo que son, disculpadme. Para quienes no sepáis lo que es el Ovitrelle, se trata de una inyección única que desencadena la ovulación entre 24 y 48 horas después de ser administrada. En ese periodo es cuando se deben mantener relaciones para conseguir fecundar el óvulo.

Nosotros no queríamos que se nos escapase, así que el ginecólogo nos indico que “practicásemos” 36 horas después de administrarme la inyección. Eso significó levantarme un día a las 3 de la mañana para pincharme el Ovitrelle y poder cuadrar “el momento” 36 horas después cuando los dos estábamos en casa y Olivia en su siesta.

¡Viva la espontaneidad! En estos casos, es lo que hay.

Una “Betaespera” tranquila

Una vez se produjo la ovulación tenía que dejar de tomar el aceite de onagra y comenzar a ponerme la progesterona, 800mg diarios, ahí es nada. 400mg por la mañana y otros tantos por la noche durante un par de semanas hasta que llegase el momento de hacer el test.

Pasé unos días tranquilos, con el tema en mente, pero sin esa obsesión permanente que vivía con Olivia. Estaba tranquila, esa tranquilidad que te ofrecen las cosas que “no van a funcionar”. Pero funcionó.

Un día antes de tener que hacerme el test, estaba bañando a Olivia y me dio una especie de mareillo. Me pareció un poco raro y me quede con la mosca detrás de la oreja.

No podía ser, estaba tan segura de que a nosotros no nos pasaban esas cosas, que para nosotros las cosas eran más complicadas que me hice un test sin demasiada esperanza.

Y resultó que sí, que a nosotros si nos pasan esas cosas, que una segunda línea apareció en aquel test de tira cutre comprado a granel por internet. Y flipé, flipé mucho, Y esperé, esperé a que Sergio llegase a casa y se lo enseñé, y como de costumbre en nuestros positivos hubo felicidad, pero sobre todo hubo precaución, desconfianza por lo que pudiese pasar, hubo una alegría contenida que vino con el segundo intento con Omifín. ¡Al segundo!.

A día de hoy, si me lo cuentan, no me lo creo.

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