Para mi ser madre es algo maravilloso, es una experiencia indescriptible. Es amor en estado puro, permanente e incondicional. Desde mi punto de vista no ha habido pérdida de calidad de vida ni nada que se le parezca, yo ya sabía donde me metía.

Cierto es que ha habido cambios, pero la vida es eso al fin y al cabo. Un cambio permanente de circunstancias, situaciones, crecimiento y enriquecimiento, haya niños de por medio o no.

Lo que si he de reconocer es que la maternidad, a veces, está cargada de soledad. No en el sentido estricto de la palabra, porque tu bebé siempre está contigo, pero si en el plano interno y personal.

Yo me sentí sola, muy sola, sobre todo los primeros meses. Olivia comía y dormía, y yo la paseaba de un lado para otro mientras buscaba información en mi teléfono móvil o leía algún libro (Elisabet Benavent para mi siempre es una buena opción).

Los primeros días se agradece mucho la tranquilidad, disfrutar de tu bebé y mirarle mientras duerme. Si, todas lo hacemos, nos quedamos embobadas mirando (muy silenciosamente) a nuestros adorables bebés.

Poco a poco esa tranquilidad se va tornando en soledad, y es bonito pero al mismo tiempo muy extraño. Cuando yo paseaba a Olivia por el parque, me cruzaba con otras madres en mi misma situación. Unas hablando por teléfono, algunas cotilleando alguna red social, otras mirando al infinitivo con sus gafas de sol que intentaban camuflar las ojeras resultado de una noche de poco dormir y mucho desesperar…, cada cual se entretenía como podía. Yo las observaba desde lo lejos pero al mismo tiempo, formando parte, y me resultaba curioso, pero al mismo tiempo un poco triste.

Tus amigos, tus familiares, la gente que te rodea en general tiene sus trabajos, sus responsabilidades, su vida, y aunque venga a hacerte visitas de vez en cuando, no pueden estar en tu casa permanentemente.

Eso si tienes la suerte de tener a tu familia cerca, sino las visitas se reducen aún más. A eso tienes que sumarle que los padres de las criaturas a los dos días de dar a luz están trabajando, o al menos en mi caso así fue. Baja por paternidad ¿qué es eso?.

En definitiva, que una “newmom” pasa muchas horas al cabo del día a solas con su bebé, sin compañía adulta que se comunique verbalmente, sin nadie que le ayude cómo hacer miles de millones de cosas que no ha hecho jamás, que nadie le ha explicado y que nunca ha puesto en práctica. Pues eso, soledad y sentimiento raruno de “no tengo ni idea de como hacer lo que tengo que hacer”.

Esta sociedad nos está haciendo un poco borreguiles, nos está otorgando tanta independencia que a veces es una mier**. Mirando a todas esas mamás pensaba en como sería, si alguna de ellas decidiese acercarse a otra e intentar entablar conversación. Yo tenía claro que jamás lo haría, moriría de vergüenza en el intento, pero si alguien lo hubiese hecho conmigo yo hubiese estado seguramente, muy agradecida. Quizá en un primer momento mi cara hubiese sido un poco de apio, (soy muy de cara de apio con los desconocidos) pero seguro que esa conversación me hubiese aportado oxígeno y compañía, sobre todo lo segundo.

No hay nada más entretenido que dos madres que no tienen ni puñetera idea de lo que están haciendo o deben hacer, hablando y compartiendo información. Al fin y al cabo se trata de ayudarse mutuamente, resolver dudas o simplemente hablar cara a cara con un adulto, el peso de lo que se hable es lo de menos. Si todas esas mujeres solitarias que pululaban por el parque que hay cerca de mi casa, se hubiesen decidido a hacerlo, a hablar, seguro que hubiesen tenido un postparto más ameno, más productivo, mejor.

No me malinterpreteís, que yo con Olivia paseando todo el día y mirándola dormir era muy feliz, inmensamente feliz, pero un poco menos de soledad tampoco hubiese estado mal.

Y vosotras, ¿os sentisteis solas en vuestro postparto? ¿Os hubiese gustado tener más compañía?

 

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